Amiga Pilar (la auténtica encantadora de perros)

Millo_Felix_Lama

Pocas veces en la vida  -y menos dentro de este sistema donde estamos tan desconectados de nuestras emociones (y esta es mi creencia)- tenemos la ocasión de encontrarnos con personas de auténtico, puro, gran corazón. GRAN CORAZÓN, en mayúsculas.

Pues bien, hace ya algunos años a Millo, a Félix y a mí la vida nos puso a Pilar en el camino. Pilar es química y educadora canina, pero solo para empezar. Ella es mil cosas más porque su curiosidad incesante y sus ansias de saber no la dejan estarse nunca muy quieta (no sé a quién me recuerda… ejem).

De todas maneras, su currículum “mental” aunque impresionante, no es el que nos cautivó. Fue su corazón.

Pilar: Millo, Félix y yo te queremos dar las GRACIAS. Ya sabes que ellos dos lo hacen a su manera perruna escogiéndote por encima de todo y de tod@s cuando tú estás; ¡¡¡por encima de mí!!! Ellos, que tienen esa sabiduría incorrupta, instintiva y bellísima, te eligen una y otra vez y para mí ese es el mejor regalo que te pueden hacer.

Por mi parte, toda mi gran admiración. La vida no te lo ha puesto muy fácil pero tú resurges una y otra vez de tus cenizas y ahí estás con tus mil habilidades que me flipan. Realmente eres un ejemplo para mí. MUCHAS GRACIAS.

Por otro lado, Lluna y Lama también te agradecen y felicitan. Gracias a ti y a la confianza y ayuda que me brindaste, ambas fueron salvadas y tuvieron/tienen la vida que siempre merecieron.

Siempre decimos, en momentos de impotencia ante tanto sufrimiento animal, que nos gustaría arrancarnos esta sangre que corre por nuestras venas y ser más insensibles: tanta pelea con el mundo nos conlleva ser así… Pero yo sé que no es verdad. Como dijo Gandhi “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” y tú me has enseñado, Pilar, que lo que parece una cosita insignificante, puede tomar ¡dimensiones astrales!

¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Que la vida te traiga de vuelta todo lo que tú le ofreces, este es mi deseo para el año que empiezas.

¡Fundación Mona nos espera! No te quedes mucho tiempo allende los mares : )

Te queremos mogollón.

Perros buenos, bonitos y baratos ¿Te atreves con la verdad?

La maestra Lluna
La maestra Lluna

Tú, que dices que amas tanto a tu perro: ¿te hubieras quedado con él/ella si hubiera tenido tres patas? ¿y si fuera en silla de ruedas o tuviera una enfermedad crónica? Probablemente no.

Todos queremos perros buenos, bonitos y baratos. Me incluyo a mí misma cuando empecé en todo esto de los perrunos y la cagué comprando a uno de mis perros en Mister Guau -Félix, mi teckel- y al otro en AquaNatura -Millo, mi Jack Russell- porque el criador (el profesional, no los que lo hacen de manera ilegal y precaria y luego venden por internet) me los cobraba “muy caros”.

Jamás de los jamases lo volvería ni lo volveré a hacer. Sin embargo, por aquellos entonces no tenía ni idea de lo que ocurría. No sabía que los perros que se venden en tienda (nos cuenten las milongas que nos cuenten) proceden del este de Europa. Las mamás son obligadas a la cría compulsiva e incensante (las que sean madres en la sala que se imaginen estar embarazando, pariendo y amamantando en cada celo) encerradas en jaulas de las que prácticamente no salen (sí, sí, esa es la mamá de tu cachorro). Tampoco sabía que los cachorros (mucho antes del debido destete, lo cual luego nos traerá problemas de comportamiento por la falta de aprendizajes que mami, y SOLO MAMI puede transmitirles) son transportados a centenares hacinados en camiones donde una parte muere por la falta de agua, comida o el propio hacimaniento. Los pequeños cadáveres son tirados a la cuneta de la autopista y, los más fuertes llegan a las tiendas donde con mucha suerte serán comprados rápido o, con menos, quedarán encerrad@s en una bonita jaula de cristal donde tendrán que soportar el estrés de adultos y niñ@s golpeando su cristal y gritándoles ocho horas al día, seis días a la semana. Eso sí, cuanto más tiempo pasen, más baratos serán ¡qué ganga!

¿Todavía te preguntas porqué tu cachorr@ tiene problemas de estrés/comportamiento? Yo me lo pregunté mucho tiempo con Félix…

La venta por internet no es mejor; gente que no tiene ni idea de lo que es un proceso de cría haciendo lo que solamente los profesionales con licencia y reputación contrastada deberían hacer. En fin.

Por todo ello, no doy ni un solo “like” a una foto de un cachorro (por más adorable que sea) ; es más, cada vez que veo uno por la calle me pongo triste: ¿de dónde saldrás tú? ¿del Mister Guau de turno? ¿de la que “buscaba novi@” por internet porque “al menos una vez en la vida que críe/tenga sexo para que sepa lo que es, pobre”? ¿de la que ha juntado el perro del quinto segunda con esa perra tan mona del parque y luego regala los cachorros “y todos están muy bien colocados”? (añado yo, hasta que destrozan un sofá o se mean por todas partes o muerden al propietario cenutrio, entonces van a la perrera) ¿serás un regalo de Navidad que queda muy bien hasta que tus dueños se tengan que ir de vacaciones y no sepan qué hacer contigo? ¿o tal vez vendrás de un cazador desalmado de no sé qué parte de España porque tras hacer criar a mamá tú no sirves porque te asustas con el ruido del disparo y en un acto de sublime generosidad te abandonó con tus seis hermanos en la puerta de la protectora para no matarte a pedradas? ¿o tal vez vengas de alguna parcela de Catalunya, donde se supone que guardabas la casa atad@ toda tu vida a una cadena o encerrad@ ad eternum en un jardín, eso sí, con piscina y césped cortado?

No sé, alguien me preguntó una vez que si por las imprudencias de los demás irresponsables no podíamos vivir la experiencia de ver criar a nuestros adorados perros aquellos que sí éramos responsables. Ahora ya tengo una respuesta clara: NO, NO PODEMOS:

Como dijo Gandhi, sé tú el cambio que quieres ver en el mundo. ¿Dices que amas a los perros? Ayúdalos, no traigas más por favor. Ara no toca. Demasiados que sufren aún, alguien se tiene que comprometer. Yo la cagué, pero desde entonces he acogido en mi casa a 4 galgas maravillosas que viven en familias de ensueño y ahora mismo tengo a Lluna, pero ella es harina de otro costal y merece su propio post.

Sé que mucha gente no estará de acuerdo conmigo. Me es indiferente, ahora sí, ya me es absolutamente indiferente. Primero los perros y su bienestar. Después, nuestros egos y sus necesidades pero esas, mejor llevarlas a terapia; es lo que yo hago y dejo a mis perros en paz.

Que tu perro huela genitales perrunos no cuestiona tu propia masculinidad (4 desgracias que veo en mis paseos)

Perros felices oliendo
Mis perros, felices oliendo

Durante los tres paseos diarios que vengo compartiendo hace más de cuatro años con los siempre adorados Millo y Félix, he tenido (y por desgracia, aún tengo) ocasión de ver las más variopintas aberraciones o atentados a la vista en cuanto a lo que a llevar a un perro por la calle se refiere.

No es que yo sea más lista que nadie, ni que tenga la respuesta infalible a todos los problemas caninos; pero lo que sí tengo claro es que soy más leída, más formada y más observada que muchos y que algunas cosas claman al cielo. No nos alarguemos más:

Aberración número 1: “Jack, no huelas eso, ¡que es pis/caca!”, y el consiguiente tirón de correa.

Está claro que quien profiere estas sabias (ejem) palabras no tiene la menor idea de perros. Oler pis y caca y en ocasiones marcar encima de los mismos es un comportamiento perfectamente normal y saludable a la par que necesario. A nuestro perro le permite saber quién ha pasado por ahí, si está en celo, enfermo, es joven, etc. Lo que viene siendo para nosotros Facebook o Twitter vamos. Para otros, leer un libro o ver la tele.

Además, oler, olfatear es algo que produce placer a los perros y que les estimula a nivel cerebral; ¿os podéis imaginar entonces, qué amargados viven los perros de jardín? (Esos que nunca salen porque “ya tienen un jardín muy grande para correr…” en fin, paro que me caliento).

De tal manera, preguntémonos: ¿cómo te sentirías si cada vez que vas a ver tu programa favorito, te tiraran del sofá y te cambiaran el canal o cuando vas a consultar tu red social favorita te dijeran que qué haces mirando eso y te quitaran la tableta o el móvil de las manos?

Aberración número 2: “No huelas ahí, Jack, no seas marrano” , y el consiguiente tirón de correa.

(Como veis, no dejar oler y tirar de la correa son cagadas transversales que no se pueden limitar a una sola categoría.)

Esta frase la dicen más las mujeres; los hombres directamente pegan tirón y se van.

Pues resulta que los perros se huelen (a veces también se lamen) los genitales y el morro como forma de re-conocerse; de hecho, lo hacen también con los humanos, de ahí sus incansables saltos para llegar a nuestra boca. No es obsceno, ni marrano, ni pervertido, ni gay (en el caso que lo hagan entre perros del mismo sexo). Es así. Se llama comportamiento canino y es perfectamente normal y saludable. Cuando un perro no huele es cuando tenemos que empezar a preocuparnos.

Los perros no tienen la culpa de que algunos dueños estén reprimidos o no vivan a gusto su sexualidad. Así que ¡dejad de proyectar! NOTA GESTÁLTICA a Proyección: atribuir al otro, al perro, al mundo, a la vida aquello que tú no quieres ver en ti o no eres capaz de gestionar. Ahora ya saben algunos que si su Pit Bull (raza a la que adoro pero no tanto a las manos en las que suelen caer)  huele el pito a otro, no pensaremos menos de su masculinidad. Ahora sabemos que es normal.

No bromearé sobre muchas señoras mayores a las que les he escuchado decir esa frase inicial porque sé que la época en la que les tocó crecer condenaba la sexualidad y en especial la femenina; entiendo su pudor cuando el perro huele/lame genitales.

Aberración número 3: Obligar al perro a caminar cual militar a tu lado sin bajar ni ladear la cabeza.

Que síiiiiiiii, que mola mucho, que tus colegas pensarán que eres tú el que manda, que lo tienes todo controlado. Sin embargo, te recomiendo que cambies de colegas y mires más a tu perro y lo que está tratando de decirte.

Corre uno por mi barrio que lleva a sus dos perrazos (bellísimos) a lado y lado con un control del que Hitler o Franco tendrían envidia; pues bien, los perros no paran de hacerle señales de calma (siguiente post tratará de este asunto esencial, prometido) tratando de comunicarse con él constantemente, algo que él evidentemente ignora porque su atención está puesta en quién le mira.

Está muy bien tener el control sobre tu perro; en la vida diaria a veces necesitarás que se pegue a tu lado por unos momentos y es una buena práctica de entrenamiento, pero de ahí a que el paseo consista única y exclusivamente en eso ¿sin oler ni socializar? No thanks! Un perro es un animal social ante todo. Si alguno tiene problemas de autoestima que deje a su perro oler y se pague una terapia.

Aberración número 4: “¿es macho? ¿es hembra?” o “A mi perro no le gustan los perros”

Evidentemente queda fuera de cuestión el caso de perros con problemas de comportamiento, a los que hay que tratar de manera individualizada.

Hablo más bien aquí de esos dueños que no dejan que sus perros se acerquen a otros perros, nunca. Hay varias modalidades: el que cambia de acera, el que tira del perro incluso cuando le cuesta la vida arrastrarlo porque él sí quiere saludar, los que tiran hacia arriba de su perro cual yoyo (los Yorkis y chiuauas particularmente sufren mucho de esto), los que salen a hacer los recados con el perro y van en eterna prisa, etc.

Nuestros perros urbanos pasan 22 horas en casa cada día; ¿de verdad vamos a ir con prisas ese poco rato que salen? ¿de verdad no les vamos a permitir socializar con sus congéneres y comunicarse con ellos?

Otra vez la empatía: ¿cómo nos sentiríamos si cada vez que queremos acercarnos a un colega a saludarle o a conocer a alguien en una fiesta, nos tiraran bruscamente y nos arrastraran sin permitirnos el contacto? ¿pensarías que es cierta la afirmación: “es que no le gustan los humanos”?

Pues bien, aventadas esas preguntas retóricas que me hago ad eternum, me quedo ya un poco más tranquila y pensando en hablar sobre temas como las famosas señales que he apuntado más arriba o el tema de la castración/esterilización o la dieta canina.

Como alguien me ha dicho esta semana, “no hay que ser más Papista que el Papa” y así también lo creo, es por eso que me encantará leer cualquier reflexión o comentario que mis palabras puedan suscitar en cualquier sentido.

Valery, I like you

Valery, de Galgos 112
La bellísima Valery, de Galgos112

Turid Rugaas, la archifamosa educadora canina noruega, decía en uno de sus seminarios que ella le susurra estas palabras “I like you” a cada nuevo perro que conoce. Un@ pensará que qué chorrada, si los perros no entienden las palabras. Y tal vez sea cierto; pero lo que sí entienden es la intención. Su sexto o séptimo sentido está infinitamente más agudizado que el nuestro (tan atrofiado en la ciudad).

Pues bien: Valery, me gustas. Me encantas.

Se lo he repetido los catorce días que lleva en casa y se lo repetiré mañana otra vez en el puerto de Barcelona antes de embarcar hacia Bérgamo, donde la espera su familia italiana.

Valery es mi cuarta perra en acogida.

Cuando tomé la decisión de hacerme casa de acogida temporal (que “sufren” con mucha elegancia cada vez mi pareja y mis dos perros), ya sabía que sería muy duro el momento del adiós, porque lo es. Mucho. Una nueva perruna se incorpora a mi manada y lo invade todo: los paseos, la rutina, la casa, la vida… y un día, de repente, se va.

Todas las despedidas han sido convenientemente lloradas: Penélope (Flor), Lua y María (Abby), pero esta se me hace especialmente cuesta arriba. No sé qué cara tiene su nueva familia (aunque espero que eso tendrá remedio), ni cómo es la casa en la que va a vivir, ni la vida que va a llevar, ni cómo se sentirá mañana cuando la entregue a tres desconocidos que la cuidarán hasta llegar a su nueva casa. ¿Pensarás, Valery, que te he abandonado? ¿Me pondrás en el msimo lugar que el maldito cazador que te maltrató? Yo sé que no, pero mañana, una vez más, mi corazón se partirá en dos.

Trato de tener muy en cuenta que, más allá de lo que a mí me duela, ya van 4 perritas que salvamos y que han sido tocadas por la suerte de ser elegidas entre los 100.000 que sufren cada año en España (sí, tenemos un gobierno de mierda en lo que a protección animal se refiere). Y sólo hablo de galgos, me dejo a todos los demás que siguen en perreras, con suerte.

Sin embargo, en la Gestalt, hemos pasado cuatro maravillosos años aprendiendo a dejarnos sentir lo que sentimos. Sin poner parches con explicaciones intelectuales.

Yo siento dolor, mucho. En la boca del estómago. Te voy a echar de menos, mi querida Valery. De cada una de vosotras me llevo una lección que me hace quitar el sombrero. De ti, me llevo tu capacidad de adaptación brutal. En estos quince días has vivido un montón de primeras veces que has sorteado con una naturalidad, curiosidad y sabiduría que me ha dejado sin palabras. Sé que de eso mismo te valdrás mañana para sostener tus últimas 24 horas de ferry y algunas más en coche hasta llegar ¡de una vez! a tu felicidad.

Gracias por haber estado en mi vida, Valery, nunca te olvidaré, te quiero muchísimo… I like you.

Verónica o la lección de humildad

Un nuevo amigo gestáltico, Chico.
Un nuevo amigo gestáltico, ¡Chico!

Aún me siento recién aterrizada del cierre de mi formación de cuatro años en Terapia Gestalt. Como cada año hemos hecho, nos hemos ido cuatro días en medio del monte y bien lejos de la civilización conocida y es allí donde he tenido el privilegio de conocer a otro maravilloso perro: Chico.

Sin embargo, la entrada de hoy no va de mi querido amigo; sino más bien de lo que me esperaba a la vuelta.

Una semana antes del stage gestáltico cayó en mis manos un flyer de una chica que decía algo así como que la educación canina en positivo no tiene que convertirse en un dispensador de galletas humano. Su lema me gustó puesto que siempre he encontrado muy incómodo tener que andar con comida encima cada día y sólo poder pedirle cosas a tu perro si luego viene un trocito de salchicha.

No sé si lo había comentado hasta ahora pero mi amado teckel de pelo duro (Félix) ha sido, y sigue siendo, un reto para mí desde que le compramos en aquella tienda de cuyo nombre no quiero acordarme. Paréntesis: ya dedicaré una entrada a explicar porqué jamás hay que comprar un perro (o cualquier animal) en una tienda o en otros lugares insospechados; cosa que evidentemente no sabía cuando me agencié a Félix.

Pues bien, teniendo en cuenta todo ello y lo que me encanta la educación canina y aprender, me dispuse a visitar a esta chica el lunes siguiente a mi regreso.

Habíamos quedado en un lugar precioso de la Barcelona del Eixample (en el que Félix tuvo a bien mearse dos veces tras su baño/atracón de agua en las fuentes que pillamos por el camino) y allí encontré a una chica joven, pizpireta y muy simpática con la que mantuve una conversación de más de dos horas sobre perros y educación canina. Durante este tiempo, y debido a la excitación que caracteriza a Félix, ella aguantó estoicamente y pedagógicamente que mi perrillo le mordiera la falda como si no hubiera un mañana.

Cerca de la medianoche consideré irme a casa pero ya habíamos quedado en que nos veríamos al día siguiente para una clase a la que me invitaba junto a otro chico. La clase se convirtió en cinco horas más de charla perruna en la que ya pude confirmar lo que había vislumbrado el día anterior: la envergadura del conocimiento de Verónica no tiene fin.

Esta chica delgadita, extremadamente sonriente y de camisetas de perros sabe lo que no está escrito. Pudimos hablar, y ahora ya corrijo, pude aprender, de educación canina clásica, en positivo, cognitivo-emocional, puntos de acupuntura, método Tellington Ttouch, biología, estudios sobre ondas cerebrales y latido del corazón, ADN y cromosomas, los súpercachorros y la estimulación temprana, clicker, de todos l@s maestr@s que ha conocido y con l@s que ha colaborado, de su trabajo en zoológicos con todo tipo de animales, de su colaboración en distintas protectoras, la lista es infinita. Y no es broma.

Mañana y pasado va a visitar dos casos que yo conozco (uno de ellos muy grave) y todo ello… ¡en sus vacaciones!

Sí, sí, ella está aquí de paso. Se marcha de vuelta a Francia en breve y, mientras tanto, comparte su conocimiento de manera completamente gratuita e incansable.

Ella tiene una filosofía: “Todo lo que sé, lo comparto. Todo lo que tengo, te lo doy. Es así cómo expandiremos el conocimiento y ayudaremos a los perrunos”. Sin palabras.

Si alguna vez os habéis movido en el mundo de los egos (vaya, en el mundo) sabréis que esto no es común de ver. Cada día encuentro en el pipican de turno al mindundi de turno con un sentido de la autoimportancia directamente proporcional a su estupidez, no sé vosotros. Esta behaviourist representa las antípodas de todo ello. Yo lo llamaría la humildad de la sabiduría.

Este fin de semana, al finalizar la formación, una de mis tutoras nos pidió a los futuros terapeutas que lo fuéramos, siempre humildes. Que no hacían falta grandes parafernalias ni alharacas para ayudar. 24 horas después lo confirmo en ella.

Desde mi humildad entonces: GRACIAS. MUCHAS GRACIAS, Verónica.

Sant Joan y sus (…) petardos

Su expresión es exactamente la mía en San Juan
O quita su cara y pon la mía, es lo mismo

¿Qué dices? ¿que tu perro no tiene miedo a los petardos? ¡Enhorabuena! Entre mis dos cuadrúpedos, el intrépido Félix parece no dar mucha cuenta de esos estruendos del demonio -aunque cuando los oye fuera de su zona de comfort muestra miedo también. Por ese lado, ambas somos afortunadas.

Desgraciadamente, mi querido y epiléptico Millo ya antes de serlo tenía pavor a ese ruido que aparece de forma no predecible, que no ve de dónde viene y que daña su agudísimo oído.

Como ya sabrás, los perros tienen un sentido del olfato y del oído muchísimo más desarrollado que el nuestro (del olfato ya hablaremos más adelante). Privilegiado vamos. Es por eso que cuando te parece que tu perro reacciona a “nada” probablemente haya oído algo que tú ni en sueños podrías percibir.

Ahora imagina cómo resuena el ruido de un petardo en esa caja de resonancia tan delicada. Para muchos de ellos es simplemente una tortura invisible. Aprovecho aquí para presentar un concepto que se irá repitiendo una y otra vez y que me enseñó mi maestra Pilar, de la Guardería Canina Huellitas: la empatía, aquello de… Si no te gusta para ti, no se lo hagas a él/ella. ¡Es tan simple! pero parece que a los humanos ¡nos cuesta tanto de aplicar! Empezando por nosotras mismas.

Así que… ¡vamos a empatizar con ellos!

En este, como en tantos otros aspectos, los educadores caninos no se ponen de acuerdo en qué es LO QUE HAY QUE HACER.

Yo tampoco lo sé, la verdad, pero os cuento LO QUE HAGO. Este año he radicalizado mi postura y nos vamos toda la family a una casa rural en medio de la más absoluta de las nadas donde los perretes podrán olfatear y explorar libres de la impertinencia de las celebraciones humanas. Sin embargo, otros años he tratado de tener en cuenta lo siguiente:

El perro está asustado. Así que no lo corrijo si ladra, tiembla, se eriza, se esconde, vomita, se hace pis o caca o reacciona a ese estímulo desagradable de cualquier otra manera. Dejémosle que haga lo que necesite hacer y que vaya donde necesite ir.

No le digo “no pasa nada, tranquilo”. Los perros no hablan nuestro idioma. Por mucho que nos parezca que se esfuerzan por entender, es eso, se esfuerzan. Y mucho menos lo acaricio (correcto, lo que nos va bien a los humanos, a veces no les va bien a los perros, somos especies diferentes). Eso sólo le indicaría que está bien tener miedo, y tú lo estás premiando con caricias o palabras suaves.

A veces el perro se pone cerca de ti o incluso se sube encima de ti (Millo lo hace). Perfecto, ¿le da seguridad estar ahí? Se lo permito pero no lo refuerzo con toque o palabra.

– Como dicen otros de mis maestros, Toni Latorre, Mario Lanero o César Millán , aquí lo esencial es la actitud del humano. Nosotros somos su punto de referencia: no podemos perder la compostura o mostrarnos débiles transpirando pena por todos nuestros poros; Se trata de que el perro nos vea relajados, que no nos inmutamos y que seguimos con lo nuestro como si nada. Nota: esto es sumamente difícil de hacer cuando los ves sufrir pero ¿de qué se trata aquí, de tu pena o de ayudarlo?

Algunos educadores sugieren hacer un poco de “cueva” dentro de su transportín o de su caseta, cubriéndolo de mantas y poniendo dentro algo que les guste. Esto se prepara unos días antes (podemos echar unos premios dentro por aquello de la buena asociación) y se puede dejar en un rincón. Ya sabes que los rincones o estar debajo de algo los hace sentir más protegidos. Es una opción más que le podemos dar.

La medicación. No sé si serán los años o mi aversión a cierto sector de la comunidad médica, pero cada vez evito más los químicos. Ya sé que parece muy tentador darle la pastillita de turno a tu perro y que quede “atontado” toda la noche en una aparente calma; sin embargo, muchos aseguran (¡una vez más!) que eso calma al humano y atrapa al perro en su propio cuerpo fofo sin dejarle mover si así lo desea. A mi querido Millo le doy un par de Zylkène 75mg (homeopatía) al día una semana antes de la verbena y el propio día le doy cuatro (dos por la mañana y dos por la noche). Eso es todo.

Por último, pero no por ello menos hippy, cierra ventanas y baja persianas, pon el aire acondicionado (¡no seas ratilla, hombre!) y un poco de música alta. Si me permites que acabe de completar la frikada, te recomiendo a Mozart: ¡poca broma! Se usa también para dar bienestar emocional a los bebés debido a la frecuencia de vibración de su música. Aquí lo puedes escuchar.

Nada más, te dejo escuchando a Mozart y en compañía de tu perruno, ¿qué más se puede pedir?

¡Feliz solsticio de verano!

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No todos saben de perros

Segunda_entrada
De lejos a cerca: los maravillosos Millo, Félix y Abby

Ha llovido mucho desde el 29 de diciembre de 2014 en que decidí comenzar a escribir sobre perros. Ha llovido tanto que Tasia, ahora Abby, ha encontrado un hogar maravilloso donde vivir por siempre más.

En estos seis meses transcurridos me vengo encontrando con diversas situaciones perrunas que no sólo despiertan mi pena, indignación o alegría sino que también alimentan mi inspiración. Me he visto a mí misma diciéndome tantas veces “debería escribir un post sobre esto” que he decidido escucharme y empezar a hacerlo.

Todo este tiempo me ha detenido el pudor de no saber “lo suficiente”. Sin embargo, he decidido priorizar mi deseo por encima de mi pudor y animarme ¡de una vez por todas!

¿La finalidad de todo ello? Satisfacer un impulso de escritura sobre este universo perruno que tanto me apasiona y, de paso, tal vez poder ayudar a resolver algunas dudas o malentendidos.

Lo que sé lo he aprendido de diversos maestras y maestros -a los que iré nombrando ya que sólo les debo agradecimiento-  pero también de mis lecturas y la pura y simple observación.

Sin embargo, veo por la calle muchas personas que, sin haberse documentado lo más mínimo creen ser el próximo César Millán y, lo que es peor, tienen una comunicación pésima con su perro lo que deteriora la relación entre ambos y puede ser el germen de futuros problemas de comportamiento. Si eso acaba ocurriendo, el perrillo en cuestión acabará en la perrera por los errores cometidos por su dueñ@ ¡qué asquerosamente irónico!

Así que… ¡empecemos ya, que ya vamos tarde!